Esta web utiliza cookies, puedes ver nuestra la política de cookies, aquí Si continuas navegando estás aceptándola
Política de cookies +






DRY RIVER"Quien tenga algo que decir que calle para siempre" <<
Texto: Rockllejeros noviembre 26, 2014

     

Dry River es un grupo nacido en Castellón en el año 2004, pero no se formalizó hasta el 2012, cuando sacaron su primer álbum titulado “El circo de la Tierra”, gozando de una buena acogida a nivel nacional e internacional, mezclando rock sinfónico, metal progresivo y un poco de jazz. Tras ese éxito, nos llega su segundo trabajo, el cual nos ocupa. El grupo está formado por seis componentes, liderados por la voz de Ángel Belinchón a la que acompañan la guitarra, teclado y coros de Carlos Álvarez, el saxo de Martí Bellmunt, la batería de Pedro Corral, el bajo de David Mascaró y más guitarra de la mano de Matías Orero.


Al tener el disco en nuestras manos, nos da un pequeño ataque de sorpresa cuando abrimos el mismo y descubrimos la portada alternativa en forma de adhesivo en el cual, podemos convertir la pareja decimonónica sin cabezas inicial en una formada por el mismo Jesucristo y Rouco Varela. Toda una forma subversiva y alternativa de llamar la atención, y de paso darnos una pista de lo que nos vamos a encontrar en el apartado musical.


El disco está configurado como si de un menú se tratase, dividiendo el mismo en Entrantes, Primeros platos, Segundos platos y Postres.


Como Entrantes nos encontramos “Traspasa mi piel”, a modo de introducción muy emotiva, en la que destaca el piano y la inclusión de una sola estrofa que se ejecuta a coro. “Bajo control” nos introduce más en el estilo mestizo de los de Castellón, con puntos más cañeros de guitarra y un teclado que ofrece sonidos propios del jazz o el soul para dar el toque diferente, añadiendo una voz que es muy melódica y varía entre la intensidad propia del rock y la suavidad propia de un grupo coral. Para terminar los Entrantes, nos encontramos con “Irresistible”, una pista cuya letra es muy original y destacan los cambios de ritmo, que la convierten en una canción con cierto sonido disco, sobre todo manifestado en los teclados de aire setentero-ochentero.


Tras los Entrantes, los Primeros platos llegan con “Frascos vacíos”, que nos sorprende con una vuelta de tuerca más metalera y sinfónica, aportando además la característica voz principal (muy polivalente), el aire melancólico y a la vez intenso que nos parece estar escuchando un pequeño vals a lo largo de la pista, siempre dando la réplica los coros. Después nos encontramos con “Informe T-24”, llena de reivindicación hacia nuestro planeta y lo horrible que es a veces su principal morador, el ser humano. Todo cargado de ese estilo personal que arroja la voz de Ángel y que, junto a los sonidos de teclado y los versos tan llenos de lírica, dan un aire místico a la canción. Con “Casto” el disco sigue la andadura por ese sonido personal que aporta el grupo y además con un toque de ironía eclesiástica. Para terminar, nos acude a los oídos “Oda al líder”, una breve pieza que nos deja grandes dosis de sarcasmo en forma de adoración y sacrificio por un líder cualquiera, que puede llevar a la obsesión. Todo muy sabiamente acompañado de un ritmo de pseudo marcha militar y alguna voz en formato imperativo para cerrar el formato.


Con los Segundos platos, nos llega una dosis más cargada de ritmo que comienza en “¿Cuánto vales tú?”, donde la crítica al poder del dinero se manifiesta con energía en cada estrofa que repite los patrones que te esclavizan por el dinero, combinando en el apartado musical la fuerza del rock con un toque más melancólico (aporte especial del saxo), símbolo de la lucha entre la dependencia del dinero y los que incitan a gastar. Tras esta dosis de fuerza, nos aparece “Caída libre”, la cual comienza en guitarra acústica y una voz en forma de susurro que transmite la historia de desesperación de alguien que salta al abismo por desesperación. En el caso del último Segundo plato, de nombre “El lado bueno de las cosas malas”, nos encontramos ante una canción totalmente armónica y muy coral, propia del estilo del grupo, destacando los toques de teclado y solos que proporcionan un sonido muy disco-bar, casi teatral.


Por último los Postres nos los sirven en forma de “Rosas y Gaviotas”, una evidente crítica política hacia los dos grandes partidos en los últimos años de gobierno. Un punto de reivindicación que incluye frases de los políticos en cuestión y de paso denuncia la falta de voz del pueblo. Todo en una canción de 13 minutos que realiza un recorrido entre la esperanza y la critica a partes iguales, con grandes dosis de melodía, siendo una canción protesta que transita entre los versos casi susurrados y otros donde la voz se eleva para dejar claros los argumentos. Para terminar con el menú, nos deja en el paladar el sabor de “Traspasa mi piel”, un recordatorio del breve aperitivo del mismo nombre que abrió este festín musical, encontrando el resto de estrofas que acompañaban a esa breve que nos encontramos en el inicio. Una canción que cierra con un ritmo y musicalidad que pueden definir perfectamente el estilo de los chicos de Dry River: musicalidad, voz personal y un sonido mestizo.


Canciones “Quien tenga algo que decir…que calle para siempre”:


01.- Traspasa mi piel (Intro)


02.- Bajo control


03.- Irresistible


04.- Frascos vacíos


05.- Informe T-24


06.- Casto


07.- Oda al líder


08.- ¿Cuánto vales tú?


09.- Caída libre


10.- El lado bueno de las cosas malas


11.- Rosas y Gaviotas


12.- Traspasa mi piel




 


Nombre:
Email:
Comentario:


Design by